febrero 26, 2016

DESCUBRIENDO LA MAGIA: UN DÍA EN UNA FÁBRICA DE COCA-COLA IBERIAN PARTNERS



Murmullos y risas en los pasillos de la planta. Acaba de llegar un autobús lleno de alumnos de ESO a una de las fábricas de Coca-Cola Iberian Partners. Durante dos horas y media, recorrerán las instalaciones y aprenderán cómo se fabrica y llega a sus manos esa botella de refresco que tanto disfrutan.

“Se van siempre con una sonrisa, muy contentos”, afirma Montse Llàcer, responsable de visitas de la planta de Martorelles (Barcelona), la mayor de toda la península. La jornada comienza con una explicación sobre las instalaciones. Expectación entre los alumnos, que ya conocen algunas de las partes del proceso productivo, como la elaboración de las preformas de las botellas de PET (plástico alimentario).

“Desde hace más de una década, acompaño a los alumnos a la fábrica, para ellos es estimulante comprobar cómo se produce en Coca-Cola lo que aprenden en la clase de tecnología”, explica Carmen Farrán, tutora de segundo de ESO en el centro Hermanos Corazonistas de Barcelona.

“Antes de comenzar la charla, les decimos que les haremos seis preguntas al final y, quienes las respondan correctamente, logran el obsequio, así están muy atentos”, cuenta Montse Llàcer. Saben lo que hacen, acumulan décadas de experiencia: desde hace 50 años, Coca-Cola mantiene una política de puertas abiertas, en el convencimiento de que las visitas a sus fábricas son enriquecedoras tanto para la propia compañía como para quienes acuden a sus instalaciones.

70.000 visitantes al año en las plantas de Coca-Cola

Diez millones de personas han visitado las fábricas de Coca-Cola en España. Cada año reciben 70.000 visitantes. “Tenemos visitas más de 250 días al año”, explica Llàcer, “todo tipo de visitas”. Escolares, universitarios, pero también medios de comunicación, ayuntamientos, asociaciones de vecinos y consumidores, equipos deportivos, fundaciones… “Unos buscan la magia de Coca-Cola, otros acuden interesados por las instalaciones fabriles y el proceso productivo.”

Después de la proyección y de la degustación de los refrescos y zumos, comienza la visita. Lo primero, el control de la fábrica: el laboratorio de calidad. Los técnicos analizan muestras de producto, que toman cada media hora, para comprobar que cumplen los estándares legales y las exigencias de calidad que impone la empresa. “¡Triciclos!”, dicen algunos de los chicos. “Son para recorrer toda la fábrica para recoger las muestras”, les explican. Luego, las muestras se almacenan para garantizar la trazabilidad de toda la producción.

Cerca del laboratorio se encuentra la sala de preparación de las bebidas. Allí se fragua la magia de Coca-Cola, “por la que todos preguntan”, cuenta Llàcer.
“Y aquí tenemos nuestros recuerdos”, señala. Porque en las plantas de Coca-Cola se guardan tesoros: carteles de hace décadas, que pintaban a mano empleados de la fábrica de la calle Guipúzcoa, maquetas de antiguas instalaciones fabriles,… En la planta de Martorelles custodian la primera piedra de la primera fábrica de Coca-Cola, en España, que empezó a construirse en 1951 en el barrio del Poble Nou barcelonés.

Transmitir la magia de Coca-Cola

Finalmente, llega el momento de visitar las líneas de producción, donde las visitas comprueban en qué consiste el proceso lineal de producción que acaban de explicarles, cómo se fabrican, rellenan y envasan las botellas. En Martorelles, una pasarela aérea de más de 300 metros sobrevuela las nueve líneas. “Fue especialmente construida para facilitar las visitas”, afirma Llàcer. Las instalaciones de Coca-Cola se diseñan teniendo en cuenta que las puertas abiertas forman parte de sus señas de identidad.

Cada línea trabaja un tipo de envase: latas, botellas de vidrio, de plástico PET… Un par de niños se detienen en la pasarela: “Qué rápidas van”, dicen. Se han parado a mirar cómo viajan a toda velocidad las botellas de PET de Fanta limón, que llegan a la línea colgadas en el aire, por un conducto que une la línea con la zona donde se fabrican las botellas, en función de las necesidades de producción.

El proceso finaliza con el embalado y puesta en palés de los envases. Todo se visualiza desde la pasarela. “Es una visita muy visual”, explica Llàcer, que recuerda una ocasión en que la Fundación Ilusiones les pidió una visita para un niño invidente, que tenía el sueño de ir a Coca-Cola: “Yo me preguntaba cómo hacer esta visita, para alguien que apenas ve, y se me ocurrió que podríamos ir tocando los envases, que son tan diferentes… Fue muy emocionante para todos, en mi mesa aún tengo una foto de aquel día.”

Las puertas de Coca-Cola Iberian Partners siguen abiertas. El trabajo de las responsables de visitas a las plantas es transmitir la magia de Coca-Cola. Y lo consiguen con experiencia, buen hacer y ¡mucha emoción!

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